Hay que entender el fandango como fiesta campesina que se hizo popular para buscar unos orígenes remotos pero inciertos, que se remontan al siglo XVIII, apuntando también unas posibles influencias africanas que se manifiestan en el  sufijo “ngo” de su nombre. Esta etimología señala la presencia de esclavos negros en los territorios castellanos a partir del siglo XVI; se trata de una realidad silenciada.

Para épocas más recientes, el fandango como cante debe entenderse como una evolución de los antiguos bailes de candil, reinventados cuando empiezan a perder su acepción de “fiesta campesina” (propia antes de la irrupción de la electricidad, a principios del siglo XX) y comienza a adquirir en su vertiente estrictamente cantada unos aires aflamencados de los que derivan palos como la malagueñas, las tarantas, las granainas, entre otros.

Todo ello conduce a un cante y un baile que se hicieron populares en muchos territorios, en los que, en la actualidad, pese a la desvirtuación que supone la cultura del espectáculo y escenario de nuestra sociedad, el fandango aún mantiene parte de ese carácter tradicional, en el que lo individual no cuenta, en el que cualquier protagonismo personalista desvirtúa este espíritu festivo. De esta forma, se encuentran fandangos con identidad propia en Latinoamérica, en África y en toda España, en particular en el sur peninsular.

Trachtenbuch. Danza morisca (Christoph Weiditz, 1528-1529)
Trachtenbuch. Danza morisca (Christoph Weiditz, 1528-1529)

El fandango del sur peninsular

En la parte más meridional de España cabe distinguir dos familias de fandangos: la occidental, donde los fandangos de Huelva ocupan un lugar abanderado, y la oriental, con la provincia de Málaga como mejor representación.

Málaga cuenta con una enorme diversidad de cantes y bailes derivados del fandango. Más allá de los más conocidos verdiales de Almogía, Montes de Málaga o Comares, cada pueblo ha impregnado una seña de identidad propia a su fandango, a su fiesta. Se localizan buenos ejemplos en Álora o en pueblos de la Serranía de Ronda, como Cortes del Frontera, Gaucín, Pujerra o Casares.

Niño de la Rosa Fina
El cantaor casareño Niño de la Rosa Fina

El fandango de Casares

El casareño es un fandango abandolao, como los verdiales y como muchos cantes de levante. Más allá del aspecto puramente musical, cabe señalar que el fandango de Casares expresa muy bien el carácter festivo que tuvo antaño, como punto de encuentro de los vecinos casareños. Incluye toda una simbología en sus letras, en la forma de ser bailado, ser tocado y ser cantado, y en el papel protagonista que otorga a la mujer. Estas claras raíces antropológicas señalan una condición popular y local, herederas del secular aislamiento que ha tenido el casco histórico de Casares.

En la historia del fandango de Casares cabe destacar la aportación que hace el cantaor casareño Niño de la Rosa Fina, quien crea un fandango flamenco a partir del fandango popular local y lo lleva por toda España a principios de la década de 1930, antes de la Guerra Civil.

Rosa Fina ha dejado su impronta en el fandango casareño actual, que aúna el cante tal como lo intepretaba, el aspecto folclórico local del baile y un toque a la guitarra que traza el puente entre ambas expresiones artísticas.

Ana Pineda al cante y Javier Pineda "Potajito de Casares" a la guitarra

Como patrimonio cultural inmaterial, el fandango de Casares goza de buena salud, gracias a la contribución de la escuela municipal de baile, dirigida por Juana María Gil y a los flamencos locales: los guitarristas Javier Pineda “Potajito” e Iván Tocón López “Tomatito de Casares”, o los cantaores Diego Reyes, Miguel Ángel Rubio Guerra “El Chorrusquín”, Sebastián Narváez López, Bartolomé Vázquez Umbría “Niño de Montecorto”, Juan Jesús Romo Mena “El Maestro”, Antonio Cózar, entre otros. Esta buena salud se nota también en las nuevas generaciones que siguen contribuyendo al mantenimiento de este patrimonio cultural, representadas por los jóvenes Ana Pineda Gil, Iván García Reyes o Desiderio Ramos Romo.

Artículo elaborado a partir de información obtenida de las Jornadas de Patrimonio de Casares dedicadas al «Fandangos en Málaga: memoria de la antigua fiesta del pueblo» y de la conferencia sobre el Fandango de Casares, impartida por el investigador Paco Balbuena.

Fotografía de portada procedente del Archivo Franchesca Ledesma Lazo.