En este Día de la Mujer de 2026, vuelvo la vista atrás para reconocer y redescubrir algunos perfiles de mujer en Casares que hoy solo están en el recuerdo de algunas personas y en las intrahistorias familiares. Después de casi un siglo, el silencio es una pesada losa.
Durante los años treinta y cuarenta del siglo pasado, muchas mujeres de Casares sufrieron una doble represión. En primer lugar, por ser familia, esposas, novias, madres, hermanas o hijas de aquellos casareños de extracción trabajadora que, en mayor o menor medida, se habían identificado con las ideas republicanas.
En segundo lugar, sufrieron una represión de género por el simple hecho de ser mujeres, aparentemente débiles, desprotegidas e indefensas, con una necesidad urgente de sobrevivir y sacar adelante a su casa e hijos.

La mujer en la política
La participación política de la mujer en Casares durante la Segunda República fue muy escasa. Solo a partir del 18 de julio del 1936 se dejaron ver algunas mujeres en las diferentes asambleas populares celebradas en la Plaza.
Al inicio de la Guerra de España, un pequeño grupo de jóvenes casareñas se hicieron milicianas como apoyo a los diferentes batallones que luchaban contra los insurgentes en nuestra comarca. La historia las cubrió de oscuridad y las condenó al ostracismo.
Hubo también mujeres de Casares que acompañaron a sus hermanos o maridos por los diferentes campos de batalla, asentándose cerca de las posiciones del ejército republicano. Recorrieron parte de la geografía española, desde el Batallón Fermín Salvochea en Estepona, pasando por Málaga capital y finalizando aisladas en Barcelona, mientras sus hombres salían en la retirada, integrados principalmente en el Cuerpo de Carabineros.
Carretera de Málaga a Almería, febrero de 1937. Fotografía de Hazen Sise, que participó en el equipo de transfusiones de sangre de Norman Bethune ayudando a la población civil (Archivo: Jesús Majada / CAF)
La juía y la vuelta a Casares
Las familias que no volvieron a Casares tras la “juia” a Málaga a partir del 9 de febrero del 1937, siguieron el camino hasta Almería. Eran pequeños grupos muy heterogéneos formados por hombres no aptos para la guerra, abuelos, mujeres y niños.
Especialmente duro fue el destino de aquellas mujeres gestantes durante su huida sin rumbo fijo, que dieron a luz en Garrucha (Almería), Murcia, el Levante o Cataluña. Siempre me ha sorprendido conocer que casareños de toda la vida —algunos de los cuales siguen acompañándonos— nacieron en aquellos lugares.
Tras la caída de Málaga el 8 de febrero de 1937, una parte importante de la población volvió a Casares. Eran familias que creyeron que quienes no hubiesen tenido delitos de sangre podían volver con tranquilidad. Sin embargo, para algunos fue el principio del fin. Los hombres fueron fusilados en el Cerro de la Horca y sus mujeres sometidas a un castigo ejemplar: paseadas con la cabeza descubierta por la Plaza. Las primeras mujeres fueron rapadas en Casares a partir del 16 de febrero y se alargó esta situación unos meses más con los fusilamientos en Arroyo Marín, donde murieron un grupo de mujeres. También el 5 de mayo de 1937 fueron fusiladas casareñas en Estepona.
Recreación del regreso de la población huida, a partir de una fotografía tomada en la carretera de Cádiz a Málaga junto a la Torre del Salto de la Mora (Casares)
Condenadas al ostracismo
Las mujeres más fuertes ejercieron de matuteras; las más débiles físicamente y con familia numerosa tuvieron que dedicarse a otras actividades para ganarse el sustento y sacar adelante a su prole. Un día, pidiendo un cacho de pan, tocino o lo que fuese por las cortijadas; otro día, robando corchiza o bellotas en el Monte del Duque, dedicándose a labores agrícolas como la recogida de aceitunas, de almendras o de higos y, con el buen tiempo, al encalijo en alguna de sus dos modalidades: al seco o al remojao, es decir, incluyendo la comida o sin comer.
En aquellos años de hambre extrema murieron en nuestro pueblo varias personas por una indigestión de tagarninas hervidas únicamente con agua.
Mientras tanto, el entusiasmo del vencedor se manifestaba en los bailes del Kiosco, a los que en muchos casos se obligaba a asistir a las jóvenes huérfanas.
Recorte de un acta de defunción de una mujer de Casares fusilada en mayo de 1937, que certifica con una fórmula burocrática encubridora que su muerte fue «a consecuencia de heridas producidas por arma de fuego de guerra»
El exilio y la cárcel
El exilio francés también tuvo su manifestación: mientras los hombres eran internados en campos de concentración, las mujeres de Casares y los niños fueron alojados en la zona de Albi y Castres, sobre todo en Cordes-Sur-Ciel, donde tuvieron que hacerse fuertes en un país extraño, a la espera del regreso de sus hombres.
Casares también aportó su cuota de mujeres a las cárceles franquistas distribuidas por toda la geografía española, superando la veintena. La gran mayoría nunca volvió al pueblo, estigmatizadas por un régimen misógino.
En el Casares de los años cuarenta también hubo mujeres adscritas a la Sección Femenina, rama de la Falange Española de la Jons, auspiciando un modelo oficial de mujer dedicada exclusivamente a su casa.
No todas las mujeres de Casares están representadas en este texto, pero si todas cayeron en el olvido. Será mejor meter estas historias en el soberao, para que allí duerman el sueño de los justos.
Benito Trujillano Mena
Cronista Oficial de Casares


